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THE latín AMERIO^N COLLECTION
THE UNIVERSITY OF TEXAS LIBRAHY
THE SIMÓN LUCUIX
HIO DE LA PLATA LtBRARY
Fufchüsed
1963
CT
74?
THE UNIVERSITY OF TEXAS AT AUSTIN
UNIVERSITY OF TEXAS LIBRARIES
DUE
RETURNED
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^ THE latín AMERICAN COLLECTION
. of
THE uNivEBpnr or.'nsxÁS libraby
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THE latín AMERICAN COLLECTIoN
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IN MEMORIAM
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THE LAtlíí AMOaCAK COx,LECrnOH
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m CBSffllO^lípi
BernarÉa Frasoso de Bima
POR
ISIDORO DE -MARÍA
MONTEVIDEO
Imf. "El Siglo Ilustrado", de Turenne, Varzi y Qa.
1895
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THE latín AMERICAN COLLECTION
Of
XKE UNIVEBSITTÍ OF TEXAS LJBHAHY
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IN MEMORIAM
BKRKÁRÜIKÁ FRAGOSO DE RIVERA
V 31 DE DICIEMBRE DE 1 863
La respetable dama que llevó este nombre en
nuestra sociedad^ esposa del Brigadier General don
Fructuoso Ri%'eraj era oriental de nacimiento y co-
razón, digna por sus virtudes y merecimientos^ de
todo aprecio y consideración.
Nacida en la villa de San José á principio ^^ f im^^j^ \
este siglo (1800), falleció en esta Capital el 31' "^7^, i
<le Diciembre de 1863^ cuyo triste aniversario re-
memoramos hoy, con el mismo sentimiento que
nos produjo en aquel día su sensible pérdida.
Fueron sus padres don Pedro Fragoso y doña Nar-
cisa LaredOj de modesta posición social, pero notoria-
mente honrados. La señora Laredo era hermana carnal
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THE LATIK AMlBlCXN COU.ECTION
THE UNIVEBSITY OF TEXAS LIBRARV
— G —
de dofu Paula La re do, madre del General don Ser-
vando Gómez.
El año 15 vino su familia d residir á esta ciudad,
donde contrajo íntima relación con la de don Juan
León de ías Casas, que la protegiera^ y cuya .sin-
cera annistad conservaron inalterable toda su vida.
La señora Bernardina Fragoso tomó estado, á
principios del año 16, con don Fructuoso Rivera, á
Ja sazón Comandante General de Armas de la Plaza
de Montevideo, nombrado por el General Artigas.
Con ese motivo, la señora Fragoso de Rivera cul-
tivó las mejores relaciones sociales, siendo estimada
por su carácter bondadoso y la sencillez de su trato.
Destinado en Julio de ese año, don Fructuoso
Rivera, por disposición de Artigas, al Departamento
de Maldouíido, con la fuerza de su comando, en ob-
servación de las tropas portuguesas que amenaza-
ban invadir el país por la frontera de Santa Teresa ,
quedó su señora esposa en Montevideo, en la situa-
ción precaria de todos los patriotas de aquella época
de prueba y sacrificios. Para subvenir a su subsis
tencia, trato su consorte de que se le atendiese con
la mitad de la asignación que antes tenía, y en
cuya virtud el Gobierno del Delegado Barreiro im-
partió la siguiente orden al Comisario General para
que incluyese en los ajustes del mes de Agosto y
siguientes á don Fructuoso Rivera, con la mirad de
su asignación que antes tenía, y de la cual se re-
cibiese su señora.
He aquí el tenor de la orden expedida:
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r^v-^ -^-^::
« Incluya usted en los ajustes de este mes, y en
« ios siguientes, á don Fructuoso Rivera, con la mi-
« tad de la asignación que antes tenía, y de la cual
« se recibirá su señora.
«Montevideo, Agosto $i de 1816.
«MIGUEL BARREIRO.»
«Al Comisario General don Jacinto Figueroa.»
« Mesa de Guerra de la Provikcia.
«Montevideo, Agosto 31 de 1816.
«Queda tomada razón.
« Figueroa. »
Invadido el país por los portugueses, vino la
guerra, tocándole á Rivera el honor de disputarles
el paso en el Departamento de Maldonado, hasta
el contraste de India Muerta. Ese revés de la for-
tuna, trajo al enemigo triunfante, si bien siempre
hostilizado por los patriotas al mando de Rivera,
hasta las cercanías de la plaza de Montevideo, re-
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^^ latín AMERICAN COLiíXrnON
1HB HNIVXBSITX pF TEXAS LIBHABY
solviendo, en consecuencia, evacuarlo el Delegado,
retirándose á la campaña el i8 de Enero del año 17,
y ocupando esta ciudad el 20 las armas portuguesas.
La señora Fragoso de Rivera, que hasta enton-
ces había permanecido con los patriotas en Monte-
video, abandonó todo, como una de tantas, siguiendo
las huellas del Delegado, que marchó á Santa Lu-
cía á incorporarse con Rivera, para continuar la
resistencia en campaña al extranjero invasor. La
noble y decidida patricia marchó á seguir la suerte
de su digno esposo y de los patriotas que militaban
bajo las banderas de Artigas, que se resistían á ren-
dir vasallaje al conquistador.
Compartiendo con ellos las privaciones, las pe-
nurias y los riesgos de la lucha, la señora Fragoso
de Rivera, como otras patricias de su temple, alen-
taba á los defensores del patrio suelo, haciendo el
bien que estaba en sus alcances, con la mejor vo-
luntad y generoso desprendimiento.
El año 18 se hallaba en Canelones, donde corrió
el riesgo de caer prisionera del enemigo. En esa
fecha entraba con su división el General Pintos á
ese punto, aprisionando á la esposa del Capitán don
José Llupes; y hubo de correr la misma suerte
la señora Fragoso de Rivera, escapando felizmente
de ser tomada, gracias á su presencia de ánimo, «y
al correr de las muías de su coche», como re-
fiere el General Rivera en su Memoria.
Pintos había sido mandado por el General Lecor
con su división, por agua, á la Colonia. Llegó al
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Colla, y de allí siguió á San José, donde aprehendió
á las esposas de los Capitanes don Julián Laguna,
don Juan J. Toribio, don Lorenzo Medina y del
vecino don Antonio Ramírez, á las cuales condujo
á Montevideo. «En esa jornada, el General Pintos,
{ diremos por incidencia), « no presentó otros trofeos
« al Barón de la Laguna, que las ilustres prisione-
« ras, que fueron conducidas en un carretón tirado
« por bueyes, de donde las sacaron para encerrarlas
« en el Castillo de la Ciudadela.» (Memoria del
General Rivera).
En la fortuna, como en la adversidad de aquellos
tiempos, la señora Fragoso de Rivera se mostró
siempre buena, desprendida, sensible al infortunio
ajeno, y amante del bien de su tierra natal; cuali-
dades recomendables y reconocidas que la distin-
guieron siempre en su larga vida, lo mismo en su
alto rango social, sonriéndole la fortuna, que en los
reveses de la suerte, en medio de las vicisitudes
políticas, en que, por su posición, se vio envuelta
tantas veces, sufriendo penas y amarguras. Era todo
corazón. Atesoraba virtudes.
II
Busquémosla en la época de la llamada Guerra
Grandcy en la Defensa de Montevideo^ donde su ci-
vismo y filantropía se destacan en el bello cuadro
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latín AlvlEHlCAN COLLECnON
— 10 —
del patriotismo, de la abnegación y de la benefi-
cencia que enaltece á la mujer oriental, tan rica en
sentimientos caritativos y patrióticos.
Era el principio del memorable sitio de Monte-
video, en el año 43. Aún no hacían dos meses que
el ejército enemigo había plantado sus reales en el
Cerrito, empezando el asedio de esta ciudad. Todo
se preparaba á la resistencia. Las armas daban co-
mienzo al sacrificio doloroso de vidas, y á produ-
cir heridos que reclamaban asilo y asistencia. En
esa humanitaria y patriótica obra, la mujer compa-
siva, á la vez que patriota, tenía señalado su puesto,
y lo tomó abnegada por invitación de la señora
Bernardina Fragoso de Rivera.
Ni Crui RojUy ni Hermanas profesas de Caridad,
teníamos en ese tiempo.
El Comandante General de Armas, don José Ma-
ría Paz, invocando el interés que le inspiraban sus
compañeros de armas, heridos en defensa de la pa-
tria, invitó á la señora Fragoso de Rivera á excitar
el celo de las damas orientales, á fin de propor-
cionar á aquéllos los auxilios á que los hacían acree-
dores su patriotismo y su valor.
Acogiendo idea tan laudable, con positivo y
ardiente interés, la señora Bernardina se apresuró
á ponerla en práctica, invitando á su casa á varias
dignísimas damas, para dar forma al pensamiento,
que coronó el éxito más satisfactorio y curñplido.
El acta que vamos á transcribir, en honra mere-
cida de su digna iniciadora, y de sus no menos
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^ 11 —
dignas cooperantes, fundadoras todas de h primera
Sociedad Filantrópica de Damas Orieniaíes establecida
en MontevideOj de honrosísinio recuerdo, será el
testimonio más elocuente de su méritOj y el ho-
menaje mds justo á su memoria.
a ACTA
(t En la ciudad de Montevideo á veintitrés de
Marzo de mil ochocientos cuarenta y tres, hallán-
dose reunidas en la sala de la señora doña Bernar-
din^i Fragoso de Rivera^ y por invitación expresa
de esta misma señora, la señora doña María Jo-
sefa Álamo de Suárez^ doña Josefa Líimas de Váz*
quez, doña Cipriana Herrera de Muñoz, doña Ma-
tilde DarLin, doña Dolores Vidal de Pcreira, doña
Teresa Conde de Pérez, doña María Antonia Ágelí
de Hocquard, doña Isabel Navia de Riicker, doña
María Quevedo de Lafone, doña Josefa Areta de
Cavaillón, doña Ramona Luna de Correa, doña
Belén Sil vera de Este vez, dona Manuela Belauste-
gui de Bustamante, doña Petrona Reboledo de Bu-
jareo y doña Joaquina Navia de Tomkinson, la
.señora doña Bernardina de Rivera les hizo pre-
sente una carta del señor General de las Armas
de esta C;>pital, en que, manifestando el vivo inte-
rés que le inspiraban sus compañeros de armas he-
ridos en defensa de la Patria, le rogaba excitase el
celó de las damas orientales, á fin de proporcio-
mt á aquéllos todos los auxilios á que los hacían
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KTCAS UBRAEY
— 12 —
acreedores su patriotismo y su valor. Anadió la
señora doña Bernardina de Rivera : que conside-
rando esta invitación eminentemente patriótica, no
había trepidado un momento en ofrecer al señor
General su más decidida cooperación y la de las
señoras orientales, sus dignas compatriotas, para un
objeto tan noble. Que su pensamiento era, que se
erigiese una Sociedad de Damas Orientales, cuyo
objeto fuese ahora, y sin perjuicio de los que en
adelante pueda abrazar, el establecimiento de un
Hospital, costeado á sus propias expensas, y con
los recursos que la Sociedad pueda proporcionarse,
en que se asistan y curen los individuos del Ejér-
cito que fuesen heridos ó se enfermasen de cual-
quiera dolencia, mientras se hallen en servicio. Las
señoras todas aceptaron con entusiasmo el pensa-
miento y prometieron su más decidida coopera-
ción. Acordaron la denominación de « Sociedad Fi-
lantrópica de Damas Orientales », y que para dar
principio al plan que se proponían, cada una de
las que estaban presentes se subscribía por ahora
con la cantidad de lOO patacones. Nombraron para
Presidenta de la Sociedad á la señora doña Ber-
nardina Fragoso de Rivera ; para Tesorera á la se-
ñora doña María Antonia Agell de Hocquard, y
para Secretaria á la señora doña Josefa Lamas de
Vázquez, encargando á estas mismas señoras la re-
dacción del proyecto de Reglamento para la So-
ciedad, y que la presente Acta se eleve al conoci-
miento del Superior Gobierno, pidiendo se digne
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^' m. \
lAkifi
— 13 —
aprobar el establecimiento de la expresada Socie-
dad.
(^Bernardina Fragoso de Rivera — María
Josefa A. de Suáreí — Josefa Lamas
de Falque:^ — María Antonia A. de
Hocquard —Matilde Duran — Cipriana
Herrera de Muño^ — Maria Quevedo
de Lafone— 'Teresa Conde de Pére:^^-'
Isabel Navia de Rücker— Josefa Areta
de Cavaillán — Dolores Vidnl de Pe-
reirá — Ramona Luna de Correa ^Be-
lén Silvera de Esteve:¡^ — Manuela Be-
laustegui de Bustamante ( i ) — Petrona
Reboledo de Bujareo — Joaquina Navia
de Tomkinson, »
El Gobierno prestó su aprobación, con aplauso,
á la creación de esta « Sociedad Filantrópica de Da-
mas Orientales», la primera en su clase que se es-
tablecía en Montevideo. Puso á su disposición lo-
cal en la Casa Fuerte de Gobierno para el Hospi-
tal, y en ^ocos días estuvo planteado con más de
sesenta camas permanentes y todo lo necesario
para el servicio del establecimiento. El 7 de Abril
se recibían en él los primeros heridos, ascendiendo,
en el primer año de su funcionamiento, á cuatro-
( I ) Única sobreviviente, en la actualidad, de aquellas filan-
trópicas damas.
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— 14 —
cientos seis los heridos y enfermos que tuvieron
en él asistencia.
Reglamentada la Sociedad, ingresaron nuevas so-
cias, imponiéndose todas, gustosas, d pago de una
cuota mensual de una onza de oro para el sostén
del Hospital, independiente de los donativos en
géneros y comestibles con que contribuían á su fi-
lantrópica obra. La señora Fragoso de Rivera era
la primera en dar el ejemplo y en prodigar sus
cuidados al enfermo con amorosa solicitud. Su
concurso personal, como el de sus consocias, no
faltó nunca en aquel establecimiento para prodigar
atenciones y consuelos á los que sufrían en el lecho
del dolor,, con la bondad proverbial de la mujer
sensible y compasiva, teniendo lágrimas y preces
para los dolientes.
No escatimaba sacrificio para hacer el bien en
todas las esferas. Su mano caritativa llevaba el
óbolo de la caridad evangélica á porción de infeli-
ces familias emigradas de la campaña, que carecían
de pan y de abrigo, cubriendo su desnudez y pro-
veyendo á su alimento. Aquella buena señora,
personificación de la beneficencia, era un ángel
de consuelo y filantropía para aquellos desgracia-
dos.
Su propia casa prestaba albergue al infortunio,
y sus puertas estaban abiertas siempre para la li-
mosna al indigente, á la honradez vergonzante que
á ellas llamaba, cualquiera fuese su sexo, con-
trayendo empeños tantas veces, ó sacrificando. sus
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— 15 —
alhajas, para tener coa qué favorecer á la indigen-
cia y contribuir á llenar las necesidades crecientes
del Hospital, fundado y sostenido por la « Sociedad
Filantrópica de Damas Orientales», que presidía dig-
nisimamente.
No se iniciaba suscripción patriótica, ni humani-
taria, sin que el nombre de la señora Fragoso de
Rivera dejase de figurar en la nómina de los con-
tribuyentes.
Para arbitrar recursos con qué atender al soste-
nimiento del Hospital, inició y promovió los Ba-
Toares de Beneficencia ^ en que el bello sexo, sin ex-
cepción de nacionalidades ni clase social, rivalizando
noblemente en sentimientos y actos de filantropía,
respondía á la santidad del objeto. Sus delicadas
manos producían, con solicitud amorosa y eficaz,
• ricas y variadas labores destinadas á los Bazares de
Caridad, con el mismo interés con que suminis-
traba vendas é hilas para los heridos. ¡ Santa mi-
sión de la mujer, en que ha descollado siempre la
delicada mitad de la sociedad oriental !
Datan desde entonces los Bazares de Caridad y
Beneficencia entre nosotros, en que tan señaladí-
sima parte cupo á la mujer, y cuyo timbre la
enaltece y dignifica, redundando en honor de su
inolvidable promotora, y de la meritoria Asocia-
ción de Damas que presidiera.
Su nombre, con la aureola que le conquistaron
sus méritos y virtudes, digno es de vivir querido
y respetado en la memoria de los que la conocie-
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totU£f^^TB^^
^4^ 1 lÜfLAg
— 16 —
ron, y del recuerdo honroso y justiciero de la so-
ciedad á que perteneció, como uno de sus más
hermosos ornamentos.
Mientras fué necesario, subsistió funcionando el
Hospital fundado y sostenido por las damas filan-
trópicas, en la época más calamitosa, en que el
escorbuto y la fiebre tifoidea hacía víctimas y au-
mentaba el número de enfermos que reclamaban
asistencia, á la par de los heridos que caían en los
combates. Vino después en su auxilio, la crea-
ción del Hospital de Sangre de la 2/ Sección, es-
tablecido en la Barraca de Pereira el 1 5 de Agosto,
el del inmediato á la Plaza de Cagancha, el mejo-
ramiento del Central y la formación de los de las
Legiones, cesando la necesidad imperiosa del insti-
tuido por la Sociedad de Damas Filantrópicas, que
fué clausurado, dejando antecedente honroso y una
menroria bendecida en dos años de existencia.
ni
Historiemos otra época.
La guerra de nueve años había terminado feliz-
mente, con la paz de Octubre del 51, en este te-
rritorio. La República estaba salva. La fraternidad
en la familia oriental se había restablecido. Solo
faltaba derribar, una vez por todas, la ominosa y
sangrienta tiranía de Juan Manuel Rosas en Bue-
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J^-
— 17 ^
nos Aires, para complementar los levantados propó-
sitos de la triple alianza sudamericana* Sus armas vic-
toriosas, venciendo al tirano argentino en la memora-
ble batalla de Caseros, pusieron término á ese estado de
cosas en la opuesta orilla del Plata, abriendo risueños
horizontes á la prosperidad y ventura de estos países.
El glorioso Gobierno de la Defensa de Montem-
deOy presidido por el señor don Joaquín Suárez,
honorable y antiguo patriota, había cesado> por
ministerio de la ley, el 15 de Febrero del 52, en-
trando á ejercer las funciones anexas al Poder Eje-
cutivo el Presidente del Senado don Bernardo.
Berro, con arreglo á la Constitución del Estado.
El I," de Marzo inmediato procedió la Asamblea
á la elección constitucional de Presidente de la
República, recayendo ésta en don Juan Francisco Giró,
patricio antiguoj honrado y respetable ciudadano,
En su Gobierno, el año jj^ desempeñando la
cartera del Ministerio de Gobierno y Relaciones
Exteriores el doctor don Florentino Castellinos, —
aquel ciudadano honorable que pudo decir un día,
con satisfacción, ante la Comisión Permanente del
Cuerpo Legislativo, el año 57, estas palabras, que
recordaremos por incidencia: «Pertenecí á un Go-
« bierno que no costó al país una lágrima, ni una
í< sola gota de sangre en mi Ministerio, en que no
« hubo un solo expatriado, respetando los hombres
«y las institnciones I» ( i ), — se creó por decreto
(1) Sesión de l-i Comisión Pcrnianentej Septiembre át 18^7.
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THE latín AMERiCAN COLLECTION
af
[F^UNlVERSrrY OF TEXAS LIBFABY
— 18 —
del 1-** de Abril del s 3 1* « Sociedad de Caridad y
Beneficencia de Señoras n, llenando el vacfOj puede
decirse^ dejado años antes por la benemérita « Aso*
cíación Filantrópica de Damas Orientales», disuelta,
y la señora doña Bernardina Fragoso de Rivera^ que h
había presidí Jo, fué una de las nombradas pan
componerla, may acreedora por sus antecedentes,
á esa distinción ( i )^
En ese destino^ siempre abnegida, y á pesar de
su situación precaria y de los sinsabores de otro
orden que habían venido amargando su vida mo-
raímente, la Caridad y la Beneficencia tenían en
su noble corazón una ardorosa amiga.
IV
Considerada bajo otra faz^ veremos lacerado
aquel bello corazón por los sufrimientos morales,
sobrellevados con resignación ejemplar en los re*
veses de la suerte, que enalteciera sus virtudes
como esposa amante y centro cariñoso del hogar
que representaba.
( I ) Nómitia de las señoras nombradas pan componerla :
Bernardina Fragoso de Rivera, María Aotoaia Agell de Hoc-
qaard, Ana Stisviela de Alvares, María de los Angeles Cervantes
de MagariñoSj Clara Erra^quin de Jackson, Cipriana Herrera de
Muñoz ^ Gregoría B, de Olivera, Paula Fuentes de Pírcí y Dolo-
res Vidal de Pereira,
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^ 19 —
Crítica y penosa era su situación. Durante la
guerra, todos los bienes de fortuna del General Ri-
vera^ su esposo, que poseía en campaña, habían
desaparecido. En la ciudad no se le conocían otros
que la propiedad de la casa que habitaba su fami-
lia^ y esa había sido hipotecada para subvenir i
sus necesidades j sin dejar de prodigar socorros al
infortunio, enjugar muchas lágrimas y dulcificar
muchos dolores por aquella mano caritativa. Sus
joyas y su mejor mobiliario habían sido sacrificados
por k necesidad* La expatriación del esposo, con-
finado en la Fortaleza de Santa Cruz en Río Ja-
neiro, donde contrajo una dolencia mortal, le im-
puso inrmítos sacrificios para poder subvenir d sus
necesidades en el ostracismo, i la vez que a tas
de la familia, reducida d ingrato estado.
En esa amarga situación, después de la caída de
RosaSj recuperó su libertad el General Rivera, y es-
tuvo expedito para retornar al suelo patrio. Pero los
compromisos contraídos en Janeiro para su subsis-
tencia, embarazaban su regreso. Así se deduce de
su correspondencia íntima d su señora, en la si-
guíeme carta :
«t Mi amada Bernardina,
«Río Jaaeiro, Julio 50 de 1852.
a Recibí tu estimada carta de 20 del pasado, y por
ella sé que estds mejorada de tu salud y que has
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Á
^xmAMBBiCAN caixÉcnoN
— 20 —
resuelto salir á vivir al Miguelete por las rabones
que me indicas.
«Yo, siento tener que decirte, que tendré que de-
morarme algún tiempo, bien á mi pesaf, porque no
puedo ni debo retirarme de esta corte, sino cuando
haya pagado lo que debo. Con los 3,000 pesos
que me mandastes, pagué los gastos de alimentos,
casa en que vivo, etc., y como tú sabes que aquí
es menester gastar, se sale de un compromiso y en
el momento se toma otro; así es, que mientras
tanto no consiga obtener mds recursos para en un
día pagar lo que debo, iré limitándome al día»
De consiguiente, no me será posible regresar ya al
país de nuestro nacimiento. Así es, que el pensa-
miento que te indiqué, y que según la carta de
Santiago, él iba á verte al Miguelete para ponerse
de acuerdo contigo para realizarlo, es el que puede
desembarazarme en la situación. Yo creo que si las
circunstancias lo favorecen, el Gobierno hará algo
favorable en ese sentido.
« Deseo que toda la familia esté buena, y que tú
disfrutes igual beneficio, como te lo desea tu esposo
que verte desea.
a Fructuoso Rivera.Tü
La señora no era ajena á la política ; depositaría
siempre, por su cordura y amor, de las confianzas
y sentimientos del esposo. En ese concepto, le diri-
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_ 21 ™
gía el Generalj en Septiembre^ la carta que va á
leerse :
«Señora doña Bernardina F. de Rivera.
«Rb, Septiembre ii de 1852,
ct El General Paclieco s<::vá. el portador de la pre-
sente, y él te instrniri del estado de mi salud y
demás circunstancias. Espero que le prestarás aten-
ción y procurarás que todos nuestros amigos con-
vengan y cooperen con ¿I á restablecer nn^ per-
fecta inteligencia en todos los hombres^ sin ninguna
excepción, por el bien de la Patria. Ella necesita
el sacrificio de todos sus hijos, y nadie tiene el derecho
;i negarse cuando la salud de la Patria !o reclama,
«El General Pacheco te indicará toda la pruden-
cia que se necesita para no agriar los ánimos, y
que nadie tenga derecho para quejarse de que no
estamos en el buen camino.
<íLos Orientales somos muy pocos, las luces han
desaparecido con las fvrtuua^^ y sería una fatalidad
si continuamos hostilizándonos^ á uno porque co-
rrió y al otro porque se mantuvo firme. Es nece-
sario que todos seamos bonitos por el camino de
la paz, del orden y del progreso. Esas son las ideas
favoritas de nuestro amigo, y no puedo creer que
haya un solo Oriental, que tenga corazón, que no
se preste á contribuir con ¿1 al engrandecimiento
y dicha del país.
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Ilffi
^ j ^^^i^-RS^Tir QF TEXAS UBRABY
m
<í Dame noticias de Servando : aquí se ha dicho que
estaba enfermOp Si fuese asij no dejes de atenderlo^
y haz, si es posible, que Ferciin vaya A asistirlo,
que creo no ha de negarse á la menor indicación,
a Tu esposo.
« Ffttcímso Rivera, s>
Merced i los afanes y sacrificios de la señora
Bernardina, pudo reunir algunos recursos más, que
habilitarotí á su esposo, el General^ para cubrir sus
débitos en Janeiio, y, aunque delicado de salud, se
puso en viaje para Río GrandCj con el designio de
regresar á su país. Su situación pecuniaria era su-
mamente triste, d la vez que su salud iba en que-
branto. Se hallaba en la ciudad de Yaguar ón, en
Julio del 53, cuando se supo allí el conflicto acae-
cido en Montevideo el i8, y, aunque convalesciente
de graves dolencias, se trasladó al Paso de las Pie-
dras del Yaguarón^ con el objeto de influir, en
cuanto le fuese dado, en evitar la guerra civil que
parecía an[ienazar «en circunstancias de oscilación,
a como se manifestaban por aquel acontecimiento,
(t poniéndose a disposición del Gobierno que presi-
« día el señor Giró* » (i)
La noticia de su desenlace tranquilizó su espí-
(i ) Carta ctel General Hivera al Coronel Flores^ Ministro de
la Guerra j datada el 19 de Agosto de r853 en el Paso délas
Piedras del Yaguarón.
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— 23 —
ritu, pero las agitaciones que había sufrido su ánimo
y las molestias de su marcha, reagravaron sus pa-
decimientos, poniendo en serio peligro su vida,
obligando á su amante esposa á encaminarse á su
lado para prodigarle sus cuidados. El 26 de Agosto,
ésta, en sus congojas, escribía al General Pacheco
y Obes anunciándole el estado grave del General,
é interesando su amistad para obtener del Gobierno
algunos auxilios. Cumpliendo diligente ese encargo
de la señora, dio los pasos consiguientes, en la
forma que se verá por su carta del 3 de Septiem-
bre, que vamos á transcribir, obteniéndose el auxi-
lio de 500 pesos, acordados por el Gobierno del
señor Giró, que fué aumentado particular y gene-
rosamente por una colecta de amigos, promovida
por Pacheco, obteniendo en ella 900 patacones, para
atender á las urgencias del General y su familia.
La expresiva carta del General Pacheco y Obes
que damos á continuación, nos excusa de detalles:
«Señora doña Bernardina de Rivera.
íf Montevideo, Septiembre 3 de 1853.
« Señora de mi respeto :
« Contesto la favorecida de usted del 26 del
próximo pasado. Difícilmente se hará usted una idea
del sentimiento profundo que ha causado en Mon-
tevideo el conocimiento de su contenido, que se
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THE LATIH AMÍHKIÁN COLLECTION
Oí
,t»iv^R.^mf OF TEXAS LIBEARY
-^ 24 —
propagó instancane.^. mente. El peligro de la vida del
General Rivera ha sido como im duelo público para
todos los hombres que aman este país, y eso mues-
tra que el instinto del pueblo no se engaña jamás
sobre sus verdaderos intereses.
«En cuanto á mí, sin embargo que desde el Ja-
neiro estaba preparado á todo momento para reci-
bir k noticia que usted me da, sin embargo que
sabía cuánto es terrible la enfermedad del General,
la lectura de la carta de usted me ha afectado pe-
nosamentCj y mucho mas que á nadie, porque más
que nadie comprendo cuáles serán los resultados
de la pérdida del General Rivera, Yo sé lo que otros
no saben; y es, que faltando el General Rivera, el
Partido Colorado entraría en una triste anarquía, que
daría el triunfo al adversario, después de una guerra
civil que completase la ruina del país.
« Personalmente quiero al General Rivera, y le he
querido aún en circunstancias en que he estado en
oposición con él. Viendo su vida amenazada, no sólo
se han conmovido mis sentimientos de amistad, sino
que además he visto aniquilados mis proyectos más
queridos para el futuro de nuestra Patria^ pues es-
toy resuelto (si tenemos tal desgracia) i dejar in-
mediatamente el país, renunciando para siempre á
toda intervención en su política.
ce ¡ Quiera el Cielo que en el momento que es-
cribo esta, el estado del General no justifique lo-
que anunciaba la carta de usted y lo que me dicen
mis tristes presentiaiientos ! , < .
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— 25 —
. « Si así no fuese, y Dios ha querido que usted su-
fra el más terrible golpe, ¡ que sus lágrimas sean
menos amargas con el pensamiento de que en ellas
la acompaña la Patria ! y que los hombres como el
General Rivera, cuando cesan en la vida, pasan á
la inmortalidad.
« Cumpliendo con el encargo de usted, vi al Mi-
nistro de Hacienda, previniéndole que era mi in-
tención hablar al mismo Presidente; pero Herrera
se opuso á ello, queriendo hacerlo él mismo ; y en
efecto, llevando el asunto al acuerdo, obtuvo 500
pesos ; cantidad que, aunque es pequeña, no la había
en Tesorería, estando el Gobierno muy mal de re-''
cursos. Entro en este detalle, porque deseo que usted
sepa que Herrera ha demostrado toda la buena
voluntad que podía desearse, y se ha expresado, res-
pecto al General, como lo hacen todos los patriotas.
« El Presidente había exigido una petición firmada
por algún miembro de la familia. Envío á usted
copia de la que se hizo, y que fué firmada por
Labandera. Entretanto, como la suma obtenida del
Gobierno era insignificante, para poderle enviar al-
guna cosa y llenar al mismo tiempo los deseos de
usted respecto á la familia aquí, convenimos algunos
amigos del General el buscan más dinero, acudiendo
á las personas que tienen medios y que son cono-
cidamente afectas al General. Se obtuvo lo que
usted encontrará en el detalle adjunto ( i ), donde
( I ) Daba cuenta de 900 patacones reunidos y de la distribu
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r
XHE LATDÍ AMEBICAN COLLECTION
TlfíIYWWff^
— 26 —
también se expresa la cantidad que lleva Gal linares
y lo que se híi reservado para Pablito*
íi También respecto á éste he cumplido los encar-
gos de usted j ocultándole el estado del G enera L
Anoche vino d verme muy aflijido por lo que había
oido decir en el pueblo, pero volví á engañarle, sin
lo cual hubiera sido imposible contenerle aquí,
« Si cuando usted reciba esta^ tenemos la fortuna
de conservar al General, quiera usted decirle, que
no le escribo porque, si salva de ese terrible ataque,
no debe ocuparse de política, ni de n.tda que pueda
afeccario. Quiera decirle, que entre los muchos vo-
tos que por so restablecimiento se han elevado al
Cielo, los míos no han sido los menos ardientes ni
los menos afectuosos,
«Para este caso, también he empaquetado algunos
dinrios que pueden servir d usted de distracción, si
Dios quiere evitarle el golpe que tememos.
«Si es asi, reciba usted ya mis felicitaciones- Sí el
Cielo ha dispuesto otra cosa, quiera usted disponer
de mí en un todo, considerándome como un amigo
de usted, y como el hombre que más respetará el
nombre de su ilustre esposo-
a Es con estos sentimientos y los del más profundo
respeto, que yo me repito de usted atento y seguro
servidor Q. B. S* P,
(í Melchor Pacheco y Obes.
ción de esta cantidad. Entre los donantes figuraban don José
María Este vez, don Fermín Fer reirá, don José Augusto Pozólo^
don B. Canstan y don Tomás Tonikinson.
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— 21 —
« P. D. — Si la carta de usted no nos hubiera mos-
trado la situación del General casi desesperada, al
recibirla me hubiera puesto en marcha para ese
punto con algún facultativo. Esto mismo haré si
tenemos esperanzas de que ese paso no será inútil.
El portador puede regresar inmediatamente si usted
quiere comunicarnos algo. Si usted quiere demo-
rarlo, va enteramente á su disposición. — Fale.y>
Por fortuna, declinó por entonces la enfermedad
del General, -acentuándose tanto, al parecer, su mejo-
ría, que su amante esposa regresó á Montevideo, al
lado de la familia, que residía en el Arroyo Seco.
En ese intervalo se produjeron en la Capital los
lamentables sucesos de Septiembre, que ocasionaron
el descenso violento de la Presidencia del señor
Giró y la acefalía del Gobierno constitucional. En
consecuencia, se nombró Gobierno provisorio, com-
puesto de un triunvirato. El General Rivera fué
nombrado uno de sus' miembros para componerlo,
pero el estado todavía delicado de su salud no le
permitió venir á ocupar su puesto en el Gobierno
inmediatamente.
Se le instaba que apresurase su venida. El Gene-
ral Lavalleja, su antiguo compañero de glorias en
Sarandí, miembro también del triunvirato que aca-
baba de instalarse, envió cerca de su persona á su
hijo Constantino, para que le significase sus dispo-
siciones y sentimientos patrióticos y cordiales, inte-
resándose en que activase su venida á la Capital.
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Rivera, haciendo un esfuerzo supremo, se resol-
vió d emprender marcha á este destino, desde el
Departamento de Cerro-Largo, donde se hall¿iba.
Venía en camino cuando, hallándose de este
Jado del Arroyo de los Conventos, le sobrevino
un ataque mortal que le postró completamente,
prestándosele los primeros auxilios en casa del
vecino don Bartolo Silva, donde quedó en asis-
tencia.
No tardó en llegar á Montevideo la triste y alar-
mante nueva, tratándose en el momento, con la
solicitud consiguiente, de los medios conducentes á
ocurrir en su auxilio, siendo la primera en hacerla
su amante y aflijlda espo,sa. Inmediatamente se dis-
puso X ponerse en camino, con la amargura en el
almaj ansiosa de llegar i tiempo A su lado, en pe-
noso viaje, Pero todo fué en vano para salvar la
vida al ilustre enfermo* La enfermedad era mortal.
La luz de aquella existencia tan robusta antes, pero
tan trabajada en los últimos años por los sufri-
mientos físicos y morales, se extinguía por instan-
tes, hasta que en la mañana del 13 de Enero de 1854
expiró en brazos de sus amigos y fieles com-
pañeros, entregando su alma al Creador, sin haber
podido la amorosa compañera de su vida tener el
triste consuelo de cerrar sus párpados al sueño eterno
y estrechar sus manos en los postrimeros y dolo-
rosos instantes de su vida querida.
La Patria estaba de duelo. Con la muerte del
General Rivera, en menos de tres meses, desapare-
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I
— 20 —
cían de la tierra las dos altas figuras históricas del
año 25: Lavalleja y Rivera ( i ).
La hoticia de su fallecimiento llegó muy luego á
Montevideo, por un expreso mandado por el Co-
ronel Silveira, comunicándola oficialmente en estos
términos :
« Excmo. señor Comandante General de Campaña,
don Venancio Flores,
«Hoy, á las 6 y 10 minutos de la mañana, dejó
de existir el señor Brigadier General, primer miem-
bro del Gobierno de la República, don Fructuoso
Rivera, bajo las órdenes inmediatas de quien me
hallaba; y estando las fuerzas que tengo el honor
de mandar, á la disposición del Gobierno, me dirijo á
V. E. para que disponga de ellas, ordenándome lo
que tenga que hacer á fin de llenar mi deber.
«Conventos, 13 de Enero de 1854.
« Erigido Siheira, »
El Gobierno dispuso en el acto (15 de Enero)
que marchase el Coronel don Manuel Freiré para
que, poniéndose de acuerdo con la señora esposa
( I ) El 22 de Octubre de 1853 había fallecido el General La-
valleja, jefe de los Treinta y Tres patriotas y miembro del Go-
bierno Provisorio.
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Of
..^ tTWlViasa^ Or TKJ^ LIBRABY
— 30 —
del finado General y el Coroiiel Labaodera, que se
hallaban en viaje para Cotivencos, se embalsamase
el caddverj y bien colocado en una caja de lata y
otra de madera, se condujese en un carruaje á la
Capital, sirviéndole de escolta la división del Coro-
nel Silveira toda entera.
El Coronel Silveira se había anticipada á los de-
seos del GobicrnOj para embalsamar el cadáver y
transportarlo á la Capital. Como fué posible, prac-
ticaron la operación del embalsamamiento los fa-
cultativos Maestre y Navarrete^ del Cerro-Largo,
y fué enviado el féretro á esta Capital^ escoltado por
cien hombres al mando del Coronel Manduca Ca-
rabajiíL
Venían en camino^ cuando los alcanzó en Cerro
Colorado la señora esposa del finado Genera! con
las personas que iban en su compañía, siguiendo en
la comitiva hasta Montevideo, donde llegaron el 19
de Enero,
Como era consigutentej el Gobierno Provisorio
dispuso sus exequias, decretándole los honores fú-
nebres correspondientes á su jerarquía y á sus dila-
tados y distinguidos servicios á la Patria.
Fué sepultado en la Iglesia Matriz, en la nave
lateral de la izquierda. Por decreto especial, se or-
denó la construcción, á expensas del Tesoro pú-
blico, del sepulcro que debía guardar sus restos
mortales, grabándose en él su nombre, sus títulos y
el día de su fallecimiento, con estas inscripciones:
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— 31 —
El Pueblo Oriental á su perpetuo defensor.
Sirvió á la Patria^ ganó diferentes batallas, consagró toda
su vida í la Patria y murió sin dejar fortuna.
Desempeñó la primera Presidencia constitucional desde
el año i8)o; la tercera, desde el ano i8)p.
Mandó siempre en jefe los Ejércitos de la República
y falleció siendo miembro del Gobierno Provisorio!
¡ Ah! ¡Su noble y virtuosa viuda nunca pudo regar
con lágrimas esa leyenda justiciera grabada en la
losa funeraria del sepulcro que guarda los manes del
que fué ! \ Ni las generaciones que se han sucedido,
pudieron contemplarla ! ¡ Después de cuarenta años,
aún está por cumplirse lo decretado 1
Es de imaginarse cuánto no sufriría el corazón,
transido de dolor, de su respetable viuda, con aquel
golpe. En su duelo recibió los pésames más sen-
tidos del Gobierno, de las personas más caracteri-
zadas y distinguidas de nuestra sociedad y de cuantos
rendían culto á sus virtudes.
Sirvan de testimonio los siguientes:
« Señora doña Bernardina Fragoso de Rivera.
« Señora y compatriota :
a El Gobierno de la República cumple hoy con el
deber de presentar, por mi órgano, sus sinceras sim-
patías, por el dolor profundo que os aflije.
« La pérdida del Brigadier General don Fructuoso
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THE latín A^IERICAN COI^LECTION
Of
T^ UIÍlVEBSrTY O? TEXAS LIBKARY
— 32 —
Riveraj no es solo ua suceso triste para vuestra
casa; lo es también para la patria, que en ese ciu-
dadano pierde la tradición viva de su nacionalidad
y de sus glorias.
«La vida del hombre es de sino frágil; todos
conocemos la ley fatal que, en momentos más ó
menos breves, convierte en vacio las realidades, y
reduce á idea, que sólo se percibe al través del
llantOj las existencias que hacían el contento de
nuestras casas ó el orgullo de nuestro patriotismo.
Mas ese conocimiento no basta para nuestro con-
suelo, cuando la muerte nos arrebata algutia de las
prendas queridas de nuestro corazón. Se necesita
qoo la religión ó la historia se unan para decirnos:
«ese d quien vos lamentáis^ vive feliz en el seno
<cde Dios, ó vivirá absorbido para siempre en la
«amante nacionalidad de su pueblo ».
«Esta dicha de la desgracia, diré así, os ha cabido,
señora, á vos*
«El General Rivera será inmortal como hijo de
esta tierra, y este gran consuelo debéis empezar ya
á tenerlo, en el testimonio de dolor que os traigo
á nombre del Gobierno de ¡a República,
a Como guerrero y administrador, ese ilustre Ge-
neral ha arrojado páginas imperecederas en la his*
toria de nuestra patria; y el duelo público que ha
causado su muerte (como vos lo presenciáis ) es la
recompensa que á vos os ha tocado recoger por
las nobles tareas de vuestro marido. Las Repúbli-
cas, señora, no pueden dar otras de mayor valor.
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A ;^^ ^
r - — -l^^i'
— 33 —
« Benigno por índole, liberal por principios, enér-
gico y experimentado en la acción, su muerte ha
acaecido en momentos en que la patria le necesi-
taba como centro de autoridad y de cohesión mo-
ral.
a Vos, señora, lloráis á vuestro esposo ; inmensa
razón tenéis para ello.
« La patria, que por mi órgano os dice que llora
con vos, no sabe todavía cuáles podrán ser todas
las razones que podrá tener para lamentar, aún
más que vos, tan triste suceso.
«Me ha sido honroso, señora, servir de órgano
oficial á los sentimientos que abrigo como hombre
y como ciudadano, y al depositarlos en vuestro
seno, sólo me resta deciros, que vuestro nombre,
fiel compañero del de vuestro esposo, en tantos
hechos distinguidos, será siempre un timbre de
respeto y de adhesión para el Gobierno de la Re-
pública, y en especial para mí, que me complazco
en decirme —
«Vuestro afmo. y sincero servidor Q.. B. V. P.
« Juan José Aguiar.
« Montevideo, Enero 20 de 1854. »
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T;jIE latín ÁMEBICAJÍ ^
Of
„„^^^ r.«— JlAa LIBRABY
— 34 —
a Señora doña Bernardina de Rivera,
« Bueaos Aires, Enero so de 1854.
tt Señora de todo mi respeto :
« Yo no vengo á poner á los pies de usted mis
consuelos inútiles, ni pésames de urbanidad ; vengo,
si, á tomar parte en el dolor que la agobia ; vengo
á ponerme sin restricción á la disposición de usted.
a La viuda del ilustre y glorioso General Rivera,
debe enconirar en todos los orientales, amigos re-
sueltos á servirla con respeto, con profunda adhe-
sión- Sé estOj señora, y sin embargo me atrevo A
decir A usted, que mi respeto y adhesión á la
viuda del General Rivera no tiene iguales. Admiro
más que nadie al héroe, y á nadie cedo en querer
al hombre.,. De ello responde el dolor que hoy
llena todo mi ser.
tí El General está en la tumba, y para él, como
para todos los grandes hombres, en ella empieza
la justicia, y ofrece también ella d la amistad ver-
dadera el crisol que ha de probarla. En la tumba,
ya nada se espera del hombre.
íí Por eso, mi señora doña Bernardina, puedo ha-
cer hoy con mds desembarazo la oferta de mi po-
bre amistad. Espero que usted la acogerá bonda-
dosa, mientras el tiempo viene á probarle que su
sinceridad iguala al culto consagrado por mi alma
al General Rivera.
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— 35 —
« Mañana marcho á Montevideo á ponerme á las
órdenes de usted. Quiera dármelas sin restricción.
« ¡Adiós, señora ! ¡Él calme el dolor de usted y
le conceda los consuelos que Él solo puede dar en
dolores semejantes ! Estos son los votos que con
el mayor respeto pone á los pies de usted —
(i Melchor Pacheco y Obes. »
a Señora doña Bernardina Fragoso de Rivera.
« Señora de toda mi consideración y respeto:
« Con toda la veracidad de mi más profundo sen-
timiento acompaño á usted, mi estimada amiga y
comadre, en el dolor acerbo que en estos momen-
tos sufre el corazón de la viuda inconsolable del
benemérito de la patria, General Rivera, por su
pérdida irreparable. Nadie más que yo lo estimaba
por sus honrosos antecedentes, su noble corazón y
sus relevantes servicios á la patria, y nadie más
que yo apreciará las virtudes ingénitas de la com-
pañera de su vida, á cuyo justísimo duelo me aso-
cio con el alma de un antiguo y consecuente
amigo.
« Sirva, señora, de lenitivo á su honda pena,
la persuasión de que las lágrimas de la dolorida
patria se mezclan á las de usted para llorarle, y
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TmE LATÍN AMERICAK GOLLECTION
Of
THE UNIVEBSITY OF TEXAS LlBRABY
^
— se-
que la historia y la posteridad no han de ser tan
ingratas que olviden la sagrada deuda de reconoci-
miento y justicia que tienen los orientales, para
con los que, como el General Rivera, consagraron
su vida al servicio de su Independencia y libertad
y á la ventura y engrandecimiento de la patria.
« Con estos sentimientos y con los votos que hago
porque Dios dé fortaleza á su alma para sobrelle-
var con resignación cristiana el dolor que embarga
su espíritu, me ofrezco en un todo á sus órdenes,
suscribiéndome su atento y afmo. amigo Q.. S. P. B.
« Joaquín Suáre:(^.
« Arroyo Seco, Enero 20 de 1854. »
El infortunio del hogar enlutado se hacía más
sensible por la situación extremadamente precaria
en que quedaba la viudez de la meritoria señora,
cuyos bienes de fortuna tanto habían sufrido" en las
largas calamidades del país y en los contrastes y
penalidades de la vida. En vista de situación tan
penosa, el Gobierno Provisorio, por decreto del
24 de Enero, le acordó un crédito de 10,000 pe-
sos, con la pensión correspondiente á su viudedad,
como esposa del Brigadier General Rivera.
Esa resolución fué tomada en el concepto de
ser sometida oportunamente á la aprobación del
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— 37 —
Cuerpo Legislativo. Esto se realizó en Mayo in-
mediato, siendo aprobada por el Senado. Pasada
la Minuta de Decreto á la sanción de la Cámara
de Representantes, su Comisión de Hacienda dic-
taminó en los términos que van á verse:
ce Comisión de Hacienda.
« H. Cámara de Representantes :
« La Comisión de Hacienda ha tomado en consi-
deración el decreto sancionado por la H. Cámara
de Senadores aprobando la resolución del Gobierno
Provisorio, por la cual se acuerdan 10,000 pesos
y la pensión que le corresponde á la viuda del
Brigadier General don Fructuoso Rivera, y seña-
lándole, además, la asignación de 4,000 pesos anua-
les durante su vida.
« La Comisión reconoce que la manifestación de
la gratitud pública á los grandes servicios presta-
dos á la patria, es no solamente un acto de justi-
cia, sino un deber nacional, de que no es permitido
prescindir.
« La memoria del Brigadier General don Fruc-
tuoso Rivera, es la expresión viva de las glorias
más esclarecidas de la República; su nombre está
identificado con los hechos más ilustres de nuestra
historia, y su vida, consagrada toda al servicio de
la Nación, exige de ésta un testimonio de aprecio
y veneración á su memoria, digno de aquellos an-
tecedentes.
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^ LAXm AMEmCAN COU^ION
— 38 —
« Penetrada la Comisión de estos sentimientos y
atendiendo á la situación en que ha quedado su
viuda j ha creído que V. H. interpretará fielmente
la voluntad nacional, prestando su sanción á la Mi-
nuta de Decreto pasada por la H, Cámara de Se-
nadores.
« En consecuenciaj es de dictamen que V. H, lo
r^uelva así.
« Dios guarde i V, H, muchos años,
a Montevideo, Mayo 14 de 1854,
« Francisco Ordeñana^Francisco Agell —
Juan Atanasio Labandera — Julio C.
Ptreira*
«MINUTA DE DECRETO
íí Artículo i.^ Se aprueba el decreto que dio el
Gobierno Provisorio en 24 de Enero de 1854, se-
ñalando un crédito de 10,000 pesos á la viudedad
que corresponde á la viuda del señor General Ri-
vera.
« Art. 2.° Además, la Nación señala á la señora
doña Bernardina Fragoso, viuda del inolvidable
Brigadier General don Fructuoso Rivera, la pen-
sión anual de 4,000 pesos moneda corriente sobre
el Tesoro público, durante su vida.
« Montevideo, Mayo 12 de 1854.
« Hordeñana — Agell— Labandera —
Pereira. »
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— 39 —
Esta Minuta de Decreto fué sancionada el 22 de
Mayo y promulgada ley el 23 del mismo.
Era un acto de justicia á inequívocos y notorios
merecimientos.
En vida modesta, pero siempre consagrada á ha-
cer el bien á sus semejantes, y á emplear el in-
flujo que su posición social le permitía en favor ó
servicio de cuantos la ocupaban, se deslizaron sus
últimos años, retirada en su quinta del Arroyo Seco,
en el regazo de la familia, mereciendo la conside-
ración de todos por sus antecedentes y por las be-
llas cualidades que distinguían su personalidad sim-
pática, respetuosa y respetable.
Cayó enferma á últimos del año 63, sin que
bastasen los cuidados esmerados de los suyos y de
sus amistades más íntimas, ni los esfuerzos de la
ciencia para salvar aquella existencia tan querida.
Todo fué en vano para dominar el mal que la
consumía. El ángel de bondades plegó sus alas, la
ley inexorable de la Naturaleza se cumplía, y el
alma inmortal de la buena y filantrópica señora,
ascendía al cielo á recibir del Hacedor el galardón
reservado á los buenos, el 31 de Diciembre del
año 1863, día de su llorado fallecimiento.
Murió en su quinta del Arroyo Seco. Conocido
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THE LATnf ÁmEbE^ COUJECnON
Of
— *TTTfTirín ?^ TEXAS laBEARY
— 40 —
el sensible suceso de su muerte, por un rasgo de
nobleza del Gobierno del señor don Bernardo P.
Berro, tan honroso para el que lo ejercía, como
para la que era objeto de él, se dispuso la trasla-
ción del féretro de la extinta á la ciudad, de un
modo digno, costeando el Teroso público los gas-
tos del entierro. Se condujo el féretro á la casa
del Coronel don José Augusto Pozólo, antiguo y
constante amigo de la finada, donde fué velado el i.**
de Enero, y desde allí conducido, el 2, al, Cementerio
Central, con numeroso y selecto cortejo fúnebre.
En él descansan, treinta y dos años ha, los res-
tos mortales de la que fué Bernardina Fragoso de
Rivera, iniciadora, fundadora y Presidenta de la
primera « Asociación Filantrópica de Damas Orienta-
les» que tuvo Montevideo. Su memoria respetada,
vive á través de los tiempos, recordando su nombre
la Sala que lo lleva inscripto en su portada en el
Asilo de Huérfanos y Expósitos^ por disposición de
la Comisión de Caridad y Beneficencia Pública, que
tuvo la excelente idea de consagrar en la nomen-
clatura de las distintas Salas de aquel pío y mag-
nífico establecimiento, nombres venerandos de obre-
ros y obreras de la Caridad, empezando por los
del Padre de los pobres y del ilustre Larrahaga, fun-
dador de la Inclusa, y siguiendo con otros tan me-
ritorios como el de Bernardina Fragoso de Rivera.
¡Merecido tributo del reconocimiento público á la
memoria de los bienhechores de la humanidad de
iino y otro sexo!
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Rememorando hoy, respetuoso y emocionado, el
aniversario de la muerte de esta ilustre dama, sirvan
estos pálidos renglones de Siempreviva en la losa que
cubre su sepulcro, como un recuerdo, humilde sí,
pero lleno del sincero aprecio y grande respeto que
nos mereció en vida.
Sus restos mortales reposan en el nicho aúmero
432 del primer cuerpo del Cementerio Central, pro-
piedad de don José Mendoza, su deudo; y el ataúd
que los conserva, tiene la chapa número 1877, se-
gún consta en los libros del Cementerio, cuyo dato
debimos á la bondad de su Inspector, el señor Eloy
García, á quien tributamos en esta ocasión nuestros
agradecimientos.
^^pnte video, Diciembre 31 de 1895.
Isidoro De -María.
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TUE lA-ní* K'^'^'^^RICAN COIXECnON
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THE LATÍN AMERICAN COLLECTION
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THE latín AME3UCAN COLLECTION
Of